Akeldama se presentó el pasado fin de semana en Teatro Bárbaro

Akeldama significa “campo de sangre”. El término se menciona en el libro Hechos de los Apóstoles como la tierra que compra Judas Iscariote con las monedas que recibe tras traicionar y entregar a Jesús, y en la que muere al no ser capaz de soportar la culpa.
¿Cuántas veces el remordimiento nos lleva a hacer nuestro propio Akeldama?
Con una atmósfera claroscura como las pinturas de Caravaggio que enmarcan el desarrollo de la puesta en escena, en esta historia el personaje de Marcelo presenta a lo largo de siete capítulos el testimonio de una mujer privada de su libertad por homicidio, al tiempo que abre una ventana al pasado por donde permite ver al espectador su primer acercamiento con la culpa cuando era apenas un niño, un niño que se enteraba de un supuesto infanticidio y de la condena del presunto culpable.
La propuesta escénica es minimalista: una mesa cubierta por un mantel largo y blanco, sobre la cual reposan vasos de agua que representan la purificación. El peso total de la obra recae en el trabajo del actor Rogelio Quintana, quien con fuerza y emotividad transmite la narrativa de la condenada y logra involucrar al público al colocarlo en un terreno incómodo donde las certezas morales comienzan atambalearse.
Akeldama surge de un proceso de investigación donde reclusas y reclusos compartieron sus historiasy autorizaron que fueran convertidas en un guión teatral. Esta pieza, escrita y dirigida por Saul Enríquez, uno de los dramaturgos más destacados de México, se presentó durante el fin de semanadel 23 al 25 de abril en Teatro Bàrbaro.














